El disco que Lemmy Kilmister hubiera querido rehacer: “Era basura”
Lemmy reveló sin filtro cuál era el álbum de Motörhead que consideraba un fracaso total y que le hubiera gustado rehacer por completo tras el éxito de No Sleep ‘til Hammersmith.
El 10 de octubre de 2026 se cumplen años de una de las declaraciones más sinceras y lapidarias de Lemmy Kilmister sobre su propio catálogo. El líder de Motörhead, conocido por su honestidad brutal, admitió sin vueltas que uno de los discos de la banda era tan malo que le hubiera gustado borrarlo y volver a grabarlo desde cero.
Todo empezó con el enorme éxito de No Sleep ’til Hammersmith, el disco en vivo editado en 1981. Ese álbum debutó directamente en el número uno de las listas británicas, algo inédito para una banda de heavy metal en ese momento. El impacto fue tan grande que la presión sobre el siguiente trabajo de estudio se volvió asfixiante.
El disco en cuestión fue Iron Fist, lanzado en 1982. Para Lemmy, el resultado final no estuvo a la altura de lo que la banda era capaz de entregar. En entrevistas posteriores, el bajista y vocalista fue contundente: “Era basura”. La frase resume su frustración con un proceso de grabación que consideró apresurado y poco inspirado, marcado por la exigencia de capitalizar el éxito reciente.
A pesar de que Iron Fist contiene canciones que luego se volvieron clásicos en los shows en vivo, el propio Lemmy siempre lo señaló como el punto más bajo de esa etapa. Su crítica no se limitó a la calidad sonora o las tomas: también apuntó a la falta de tiempo para madurar las ideas y a la sensación de que el álbum había sido fabricado más por obligación comercial que por impulso creativo.
Esta autocrítica forma parte del legado de Lemmy, quien nunca dudó en hablar mal de sus propios trabajos cuando creía que no estaban a la altura. Lejos de proteger su imagen, prefería ser honesto con los fans y consigo mismo. Esa actitud ayudó a construir la reputación de Motörhead como una banda auténtica, sin poses ni filtros.
Con el paso de los años, Iron Fist encontró su lugar entre los coleccionistas y los seguidores más hardcore, pero la opinión de su creador principal quedó grabada: era un disco que, de haber podido, Lemmy habría rehecho completamente. Esa confesión sigue siendo uno de los momentos más recordados de la historia de la banda, porque revela cómo incluso los artistas más legendarios pueden sentirse insatisfechos con su propia obra.
La anécdota también sirve para recordar que el éxito comercial no siempre se traduce en satisfacción artística. Después de llegar a la cima con el vivo de 1981, Motörhead tuvo que lidiar con las expectativas y, según Lemmy, no lo lograron del todo en el siguiente estudio. Esa tensión entre lo que pide la industria y lo que siente el artista es un clásico de la historia del rock.
Hoy, cuando revisamos la discografía completa de Motörhead, Iron Fist sigue sonando con la energía salvaje que caracterizó a la banda, aunque ahora lo escuchamos con la confesión de Lemmy de fondo. Y quizá eso sea parte de su encanto: saber que incluso sus creadores lo veían como algo imperfecto lo humaniza y lo vuelve aún más interesante para los melómanos.