MANCHADA CON SANGRE Y HASTA LAS MANOS

Manchada de sangre y hasta las manos

Pensemos en nosotros mismos con nuestras ambiciones, deseos más profundos, hasta los más oscuros…
Imaginemos esas intenciones como irrenunciables, por su peso y por nuestra decisión irrevocable de hacerlas realidad.
Pensémonos con la posibilidad de presionar, influir, negociar, amenazar… todo con una impunidad garantizada, comprada, mal habida.
Pongámonos en la piel del más delincuente, avaro e inescrupuloso, con un panorama perfecto, pero con ciertos obstáculos molestos…

Más o menos debés haber logrado ponerte en ese papel imaginario…
La cagada es que esto también fue realidad, hecho consumado, escena del crimen, víctima estratégica, fuego, sangre, sudor helado; con sus oportunos retoques para el ojo ajeno…
porque si el que se la manda, es el mismo que el que te la cuenta, los muertos dejan de ser tragedia, para transformarse en bajas oportunas, pasadas por alto, lamentadas solo por quien corresponda de su entorno.

Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola fueron un estorbo, metieron el dedo donde duele… No te imagines lo que sigue, se te van a escapar un par de cosas. La historia fue así…

Miguel era estereotipista en La Nueva Provincia y tesorero del sindicato de Artes Gráficas. Caía la tarde del 30 de junio de 1976 cuando entraron a su casa. Allí estaban su mujer embarazada y otras seis personas que fueron atadas,vendadas e inyectadas con somníferos. Con esa situación se encontró Miguel Angel Loyola cuando alrededor de las cuatro de la mañana, luego de terminar la jornada en el diario, llegara a su casa. Se lo llevaron, pero no era suficiente, de ahí fueron hasta la casa de su compañero Enrique Heinrich, maquinista en la rotativa y secretario general del sindicato. En su casa todos dormían, Enrique, recien llegado del diario, su esposa y sus cinco hijos. En cuestión de segundos, como un grupo de tareas bien entrenado, ya habían derribado la puerta y sorprendiendo indefenso a su objetivo.

Después de cuatro días de estar desaparecidos fueron encontrados en La Cueva de los Leones, en el km 11 de la ruta 33, acribillados a balazos y con signos de tortura. Durante esos días su compañero Juan Manuel Molina, vocal del sindicato, fue a pedirle ayuda al arzobispo Jorge Mayer. “En algo andarán” fue la respuesta del máximo representante de “Dios” en Bahía Blanca y la zona, la misma respuesta que le daba, e iba a dar, a todos los padres que buscaban a sus hijos desaparecidos.

 

Pero… ¿En qué andaban realmente Heinrich y Loyola para merecer semejante castigo?

 

Unas semanas antes de ser asesinados…

Cuenta Molina, que el y sus dos amigos asesinados, fueron citados al V Cuerpo del ejército, donde los recibió un capitán que directamente les dijo que se dejaran de romper las pelotas porque la mano venia dura.

¿Pero… a quién le rompian las pelotas?

 

Tres meses antes de la masacre…

Un informe de inteligencia de Prefectura Naval, tenia a Heinrich y a Loyola encabezando una lista de “personal a SER RALEADO DE UN MEDIO DE DIFUSIÓN FUNDAMENTAL” Así en mayúsculas aparece en el informe original. Hoy ya es fácil deducir qué carajo quiere decir RALEADO, pero la pregunta sigue sin respuesta ¿De qué manera le rompían las pelotas al MEDIO DE DIFUSIÓN FUNDAMENTAL?

 

Unos 5 años antes de la Cueva de los Leones…

Enrique y Miguel Angel comenzaron a reafiliar comañeros al sindicato, trabajadores que habian sido expulsados del mismo años atras. Para fines de 1973, lograron la demora del diario por reclamos salariales, logrando una adhesión máxima el primero de enero del ’74, lo que llevó a la directora del diario, Diana Julio de Massot, a mandar 40 telegramas de despido, que luego de una ardua lucha de negociaciones quedaron sin efecto, reincorporándose los trabajadores, aunque esta señora, se negaba a sentarse en la misma mesa de negociación con los sindicalistas, detalle para nada menor.

Ya en 1975, lograron en asamblea, que los seis gremios que nucleaban a los trabajadores de los medios, adhirieran a un paro por tiempo indeterminado. La lucha era para que la empresa le reconozca un franco cada cuatro días, no era más que lo que establecía el convenio de trabajo. La Nueva Provincia no salió por tres semanas, y la empresa tuvo que respetar el convenio.

Esto demuestra que Heinrich y Loyola, además de tener unos huevos de la concha de la lora eran, como sindicalistas, dos animales, lo que nos responde de que manera rompian las bolas: Luchando por mejores condiciones laborales.

 

Pero es inevitable hacer otra pregunta ¿Eran guerrilleros, se levantaban en armas por más idealistas que fueran o por más justos que fueran sus fines? La respuesta es no, no querian cambiar el mundo agarrando un fusil, solo lucharon por derechos laborales.

 

¿Pero el “proceso de reorganización nacional” no fue una guerra contra la guerrilla armada, no fue una guerra inevitable contra la infiltración del comunismo en la Argentina, una guerra contra los que querian hacer una nueva Cuba con la fuerza de las balas como sigue afirmando hoy La Nueva Provincia?

NO!!! Esta es la mentira con que se defienden los responsables civiles y militares hasta el día de hoy.
Acá entendemos porque el MEDIO DE DIFUSIÓN era FUNDAMENTAL.
Para semejante mentira, hacen falta semejantes monopilos de comunicación. No hay terrorismo de Estado sin control de la opinión pública. Y es el control de la comunicación una herramienta más fuerte que la represión, ya que aseguró la continuidad del modelo económico de Martinez de Hoz y Videla durante 30 años de democracia.

 

En 1982, Juan Alemann, secretario de Hacienda del ministerio de economia De Martinez de Hoz dijo que no habían conseguido erradicar la guerrilla, porque muchos se habían exiliado y que tampoco habían logrado llevar adelante el proceso de privatizasión, pero “hicimos algo mucho más importante, destruimos las bases mismas del poder sindical”. Y era cierto, el 67% de los 30.000 desaparecidos eran trabajadores organizados, dirigentes sindicales. Mataron a los que conseguian sacarle beneficios a las patronales. A esos limpiaron, esa es la guerra que defiende Vicente Massot..

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Obviamente desde el diario La Nueva Provincia no se denunció la desaparición de sus trabajadores. Son responsables civiles del genocidio, y siguen siendo hoy, un medio fundamental para la defensa del terrorismo de Estado y lo demuestran con cada editorial que trata el tema, reivindicando una y otra vez a los genocidas que, usando el aparato estatal, salvaron las altas rentabilidades de sus medios de producción y futuros negociados, con practicas de una barbarie descomunal, con métodos que ni los nazis usaron, como el robo sistemático de bebes.

 

El 24 de Marzo de 1976, La directora del diario, junto a su hijo Vicente Massot, actual director de la empresa, que en ese momento tenia 20 años, festejaron el golpe de Estado en la rotativa del diario, sacudiendo una bandera argentina al grito de “¿A que no se animan a hacer huelga ahora?” mientras el nene de mamá pateaba la bicicleta de un trabajador.

Es lógico que Vicente haya continuado esa “guerra” hasta nuestros días. Pero el ambiente se le puso espeso, alguien ató los cabos sueltos, le dio voz a la verdad, al sufrimiento, a esa memoria que solo pudo esconderse del temor, pero que perduró, porque si hay algo que logra el miedo es hacer inolvidables sus causas y consecuencias.

La historia hoy se escribe con justicia, ya no con sangre. Se cambió el golpe del palo torturador por el impacto cicatrizante de un juez que bajó su martillo, como quien gira la llave que saca a la luz lo impenetrable evidenciando sus inmundicias.