EL VAGO, EL FORRO, EL GORDO

El vago, el forro, el gordo

Mi vieja siempre me decía, “en la vida te tocan las cartas que te tocan y uno con eso debe hacer lo mejor que puede”. Suena bien, más si estas en la final del Mundial de Truco. Pero en Argentina, (que somos todos truqueros como DT´s de fútbol), hay un mazo de cartas más complejo, o como mínimo, bizarro.
Uno cree que ha visto todo, que ya mintió tanto con el ipa o se ha lanzado con el “quiero vale 4”, que somos todos campeones del truco. Pero acá los desafío con una mano más.

 

Me tocaron 3 cartas de distinto palo. En este mazo-político ligue un gordo  defensor de los trabajadores, un  forro explotador de trabajadores rurales y un vago, vago. No sumaban ni 20 pa´ bolacear con el envido.

 

La verdad es que estaba al horno, ¿¡que hacía con estas cartas!?. Una mano irremontable, irracional e inexplicable. Me convenía irme al mazo.

 

Pero no, de truco yo sé y  las cartas no importan, importa lo que se muestra antes de mostrarlas.

 

Estas cartas, tan distintas entre sí tienen algo en común. Ninguno es ancho de espadas y hacen cualquier boludez que les digan. Me cayeron juntas. El gordo, que se olvido de los ´90 y capaz por cansancio se acerco al vago. El vago, bien vago, no hizo nada como siempre y dejo que se acercaran. Y el forro, es forro, si ya se cago en los trabajadores rurales poco le costó cagarse en todo y sumarse a la foto.

 

Me toco cantar, era mostrar las cartas tímidamente o jinetear y hacer que estas impresentables cartas  sumen algo. Y ahí vi la jugada, como buen truquero que soy.

 

Tuve las cartas en la mano tanto tiempo que ya se parecían, eran casi lo mismo, no valían nada pero las tres ya eran del mismo palo.

 

La miro a mi contrincante, desafiante como gaucho con el facón en la mano. Es todo o nada, como el truco.

 

Supuse que si agitaba, le tiraba todas mis cartas juntas y la sorprendía, la iba a asustar. Porque este juego es de machos vió. El truco no es para yeguas.

 

Ella quiere que le cante, que salte solito. Como si supiera mi jugada. Estaba confiada la soberbia.

 

Ahora  tenía 3 cartas del mismo palo, lo que antes era un defensor de los trabajadores, un forro duhaldista y un vago peligroso ahora ahí estaban, en la misma vereda.

 

Salte, irrespetuoso, tirando las cartas sobre la mesa, saboreando la sorpresa del rival. Cuando mis cartas cayeron sobre la mesa, todos se indignaron.

 

En lo que dura un partido de truco, tantito así, mis 3 naipes se habían convertido en lo mismo. Poción de asombro y desconcierto, nadie entendió la jugada impresentable y mezquina.

 

Lancé la mano feroz. Para los que defendieron al gordo, para los que se indignan con el forro y para los que ya no sabemos qué decir del vago. En este truco que jugué derechosamente orgulloso,  finalmente reuní mis cartas, 3 del mismo palo y cante: “Tengo flor, flor de hijos de puta!”.